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28 de Agosto, 2008

La “última batalla” del general merecía un mejor final

Los generales Bussi y Menéndez fueron condenados a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, pero mantendrán su prisión domiciliaria. Un fallo que dejó disconformes de ambos lados. ¿Presiones?

A las 17.40 de este jueves histórico,  el presidente del tribunal federal que juzga a Bussi debió pedir orden ante el alboroto de la sala tras leer la parte de la sentencia que lo condenaba a cadena perpetua. Había tardado casi cinco largos minutos en dar a conocer el veredicto porque primero ennumeró a testigos acusados por el fiscal por falsear testimonios, entre ellos el propio ex auditor militar coronel (re) Roque Cabral.
 Pero minutos después,  la sensación de júbilo de gran parte de la sala,  pareció transformarse en desencanto cuando se anunció que Bussi no cumpliría el arresto en una cárcel común sino que seguiría con su prerrogativa de prisión domiciliaria.
“Cárcel común, perpetua y efectiva” fue la consigna que atronó en la calle, coreada por militantes de izquierda y familiares de víctimas del terrorismo de estado, cuando se vaciaba el recinto. Algunos de ellos se enfrentaron con los gendarmes que estoicamente custodiaban el edificio federal desde que comenzaron las audiencias.
El fallo pareció no conformar a nadie. Para los bussistas estaba cantado que saldría una condena de perpetua, como ya la tenía  el general Luciano Benjamín Menéndez por otra causa en Córdoba. Ambos habían reivindicado antes la “guerra contra la subversión” en sus últimos alegatos. Bussi volvió a llorar y se lamentó que “sus dolencias le impidieran librar esta última batalla”.
Desde la otra vereda, que siempre rechazó esta idea de “guerra” y creyó que en realidad se trató de una “cacería” del poder militar de aquellos años, se recibieron con beneplácito todas las aprobaciones del tribunal a los pedidos del fiscal Terraf, pero los ganó el desaliento cuando se anoticiaron que Bussi seguiría en prisión domiciliaria..
Horas antes la presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, declaró que esperaba “una condena a cadena perpetua, firme, en cárcel común y sin ningún privilegio” para los represores Menéndez y Bussi acusados de la desaparición del ex senador Guillermo Vargas Aignasse.
Los familiares de la víctima, ente ellos su hijo, el actual diputado Jerónimo Vargas Aignasse se abrazaron y lloraron. Las cámaras de la televisión pública mostraron sólo una leve muesca del hijo de Bussi y tambien ex diputado Ricardo Argentino. El general en tanto aparecía impávido, con su ojo derecho más caido, secuela de una parálisis facial.
Siempre arrogante,como en todo el juicio,  el “cachorro” Menéndez había dicho que “los derrotados abandonaron la lucha armada y “ se mimetizaron como pacíficos civiles, pero trasladaron la guerra revolucionaria a otros campos, siguiendo la doctrina de Gramsci”.  Lucía ahora muchas canas en  pero recitaba el mismo discurso de tres décadas atrás, cuando esa doctrina provocó tanta violencia y dolor.
Los dos generales, antes enemigos íntimos, habían logrado superar viejos desencuentros en estos días del juicio oral. Son apenas dos de casi un millar de represores, casi todos ellos aún morosos con la Justicia. De acuerdo con los archivos del CELS, un total de 1.088 personas, entre civiles y personal de las fuerzas de seguridad, están involucradas en causas vinculadas con el terrorismo de Estado. Sin embargo, menos del 40% están procesados y apenas 28 fueron condenados.
Hace pocos días el ministro de Justicia Aníbal Fernández dijo por C5N que había un solo represor con prisión domiciliaria, que era Bussi, por responsabilidad de la justicia federal tucumana. ¿Hasta qué punto gravitó esta implícita presión en el fallo del tribunal oral?. ¿Quisieron demostrar distancia con respeto a estas “presiones” del gobierno kirchnerista, que hizo de la bandera de los derechos humanos su principial leit motiv?
 La respuesta está en la conciencia de Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Josefina Curi. El fallo dejó disconformes de ambos lados, lo cual no quiere decir que sea el más justo. La rauda salida de la sala de Bussi y Menéndez fue seguida del grito “asesinos….asesinos”. Algunas madres mordieron sus pañuelos con impotencia. Otros se perdieron en la tarde tucumana llevando en sus oídos esa nueva consigna “carcel común, perpetua y efectiva….ni un solo genocida por las calles de Argentina…”
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2 comentarios para esta nota

  1. Sara dijo:

    Siento mucho Sr. Arnedo, pero conociendo su capacidad y ética peridodística no puedo dejar de llamar su atención sobre el título de esta nota.
    Este genocida no se merece ninguna “última batalla” porque además nunca libró ninguna en serio. Tampoco se lo debe adornar con el rango de general.

  2. el tribunal sentencio a bussi y menendez a cadena perpetua. la historia juzgara mil veces este fallo.


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