La quimera de un 2020 con poder, sin pobres y sin deuda pública
En estos días las ansias de poder de Kirchner y Alperovich se reflejaron en el mismo espejo. El ex presidente aseguró en un acto partidario “gobernaremos la Patria hasta el 2020″. El mismo plazo se autoimpuso el Gobernador José Alperovich, en el discurso que no pudo leer en la Legislatura y que dejó en manos de su reemplazante, el legislador Regino Amado.
La pretensión de Kirchner, en medio de los enredos de gestión del presente, sonó casi como una humorada. Los deseos bonapartistas de Alperovich tienen en cambio más encarnadura. Porque la estrategia y las presiones de la oposición logran incomodarlo en el sillón de Lucas Córdoba menos que la operación de su uretra seccionada.
Sin embargo, lo que no deja de llamar la atención son los compromisos asumidos en aquel mensaje por el PE: llegar al 2020 sin pobres y sin deuda pública.
La pobreza y la indigencia en Tucumán, de la que poco se habla, presenta síntomas alarmantes. Y no está divorciada de la inseguridad y la violencia vecinal, como lo han reflejado en estos días algunas notas periodísticas de la prensa gráfica. No hace mucho tiempo el propio Gobernador Alperovich debió reconocer que estaba sorprendido por tantos pobres. La incidencia social de esa franja de desocupados y marginados se atenúa por la descomunal asistencia social que el Gobierno se ve obligado a implementar, para disimular su falencia en la generación de puestos genuinos de trabajo y en la captación de nuevas inversiones productivas.
Y la otra herencia envenenada que dejarán los años de alperovichismo a las futuras generaciones será la deuda pública. Es casi un secreto de Estado a cuánto asciende en la actualidad. El gobierno provincial maneja una cifra de 4.500 millones de pesos. Pero las principales consultoras privadas del ámbito nacional creen que estaría orillando los 6.500 millones de pesos. ¿De qué manera se estima que se puede llegar al 2020 amortizando este pavoroso pasivo pùblico?
Con el simple voluntarismo del poder público y con un catálogo de buenas intenciones no alcanza. Es factible, si no hay fuertes remezones en las alturas, que el alperovichismo puede seguir soñando con digitar los destinos provinciales hasta el 2020. Lo que resulta menos creíble es que - con este mismo perfil de gestión - en 10 años Tucumán se pueda sacar los pobres y la deuda pública de encima.

